NIKÉ [Victoria]

Cartró. 2020

La Victoria, que los griegos llamaron Niké [Νίκη], es una divinidad alegórica de cuya presencia hay registro en Grecia en el siglo VI a.C., pero que ya los egipcios conocían como Nefté, hermana nada menos que de Isis y Osiris. Simboliza el triunfo en la guerra, pero también la participación triunfante en la vida civil, y muy especialmente, en el deporte.

En torno a ella no se desarrolló ningún mito especial, probablemente porque tan extática sensación era directamente comprensible a quien quiera la hubiese experimentado o ambicionado. Pero sí generó, en cambio, una abundantísima iconografía. Los griegos la representaron a menudo como una mujer alada, aludiendo a que desciende rauda desde los cielos sobre el vencedor, para hacerle saber al mundo a quién han decidido favorecer los dioses. La agitación de sus vestiduras indica la celeridad con que viene a coronar al triunfador. […]

Pueblo conquistador, los romanos la adoptaron gozosamente, y en ese proceso terminó de asumir los atributos que han durado hasta nosotros: la palma en una mano, árbol universalmente asociado a la Victoria, desde luego, y cuyo significado derivos desde lo material a lo espiritual, alcanzando el sentido de regeneración, ascensión e inmortalidad. […] En la otra mano, lleva una corona de laurel. La corona denota el poder que entrega Niké y el laurel, como todas las plantas que permanecen verdes en invierno, es símbolo de inmortalidad; los romanos lo asociaron a la gloria, tamto de las armas como el espíritu, si bien atendieron más a la primera.

‘Sobre símbolos’. Francisco José Folch

L’ÀNGEL DE LA HISTÒRIA

Cartró. 2018

Hi ha un quadre de Klee anomenat Àngelus Novus. Hi veiem un àngel que sembla allunyar-se d’alguna cosa mentre la mira fixament. Té els ulls desorbitats, la boca oberta i les ales desplegades. Aquest és l’aspecte que ha de mostrar necessàriament l’àngel de la història. El seu rostre està encarat al passat. On a nosaltres se’ns presenta una cadena d’esdeveniments, ell només hi veu una sola i única catàstrofe que no deixa d’amuntegar ruïnes sobre ruïnes llançades als seus peus. Voldria aturar-se, ressuscitar els morts i reparar tot allò destruït. Però des del Paradís bufa una tempesta que s’ha aferrat a les seves ales, tan forta que ja no pot tancar-les. La tempesta l’empeny irreductiblement cap al futur, al qual li dóna l’esquena mentre davant d’ell les ruïnes s’amunteguen fins al cel. Aquesta tempesta és allò que anomenem progrés.

Walter Benjamin, Tesis sobre la filosofia de la història, Tesi IX