FRENESIA

Paper. 2018

¡Bienvenido él en los montes, cuando fuera del veloz cortejo cae al suelo, llevando puesto el sagrado vestido de la piel de corzo, con ansia de la sangre del cabrito sacrificado, la alegría de devorar su carne cruda, [140] lanzándose a los montes de Frigia, de Lidia! ¡Bromio es el líder del cortejo! ¡Evohé!

¡Mana leche el suelo, mana vino, mana de las abejas su néctar! Y como el humo de incienso de Siria, el Baco, sosteniendo en alto la llama foguera de su antorcha, la agita vivamente desde el pie de su soporte, anima a las mujeres errantes a correr y a danzar y las pone en movimiento con sus gritos, [150] soltando al viento su cuidada melena.

Y al mismo tiempo que sus alaridos de bacanal, él va añadiendo gritos como éstos: «¡Vamos, bacantes! ¡Celebrad a Dioniso con cantos al son de vuestros tambores estridentes!»

 Las Bacantes. Eurípides