LETEO

Paper. 2019

Entre los griegos, Lete es una deidad femenina que forma pareja con su opuesta Mnemosine, la diosa de la memoria y madre de las musas. […]
Sin embargo, Leteo es ante todo el nombre de un río del infierno que otorga el olvido a las almas de los muertos. En esa imagen y ese mundo de imágenes, el olvido se sumerge por completo en el elemento líquido agua. Hay un sentido profundo en el simbolismo de estas aguas mágicas. En su suave fluir se disuelven los duros contornos del recuerdo de la realidad, y son de esta manera liquidados.
Entre los autores de la Antigüedad se discutía por qué campos beatíficos o funestos fluían las aguas del Leteo, y cómo se podía localizar exactamente el curso del río en relación con las otras corrientes del infierno (Aqueronte, Éstige, Flegetonte, Cocito). El que pretende saberlo con más exactitud es el geógrafo Pausanias, que identifica en Beocia una de las fuentes del Leteo, junto a la que, a la vez, brota un manantial de Mnemosine. Sin embargo, los autores de la Antigüedad coinciden en que las almas beben de las aguas el Leteo para, mediante el olvido de su existencia anterior, hacerse libres para renacer en un nuevo cuerpo.

Harald Weinrich, “Leteo. Arte y crítica del olvido” (Ediciones Siruela, 1999)

Leteo WP

Grècia a Girona

Ahir dissabte 28 de setembre vaig tenir el plaer d’explicar alguns mites de l’antiga Grècia a l’activitat “Contes d’origen”, de la 10a edició del Dia del Visitant, al Museu d’Art de Girona.

Partint dels mites cosmogònics i teogònics, sobre la creació del món i dels déus, personatges com Europa, Ganimèdes i el Minotaure ens varen acompanyar durant l’hora i mitja que va durar l’activitat.

Uns mites que varen compartir espai al pati d’entrada del Museu amb les llegendes de Daniela Violi i dels seus companys i companyes de Colòmbia.

NÉFELE

2019. Paper i terracota

El nombre Néfele (en griego Νεφέλη) significa nube.
Las nubes desempeñan cierto papel en la mitología. Aristófanes las ha convertido en personajes de una de sus comedias, y las ha dotado de una genealogía: son hijas de Océano (como todas las divinidades del agua); habitan ora en las cumbres del Olimpo, ora en los jardines del Océano, en el país de las Hespérides, ora en las lejanas fuentes del Nilo, en el país de los etíopes. Tal vez haya referencia, en Aristófanes, a unas creencias órficas, o bien son más probablemente creación personal de un mito poético basado en datos folklóricos bastante vagos.

Nubes imperecederas, alcémonos, visibles en nuestra brillante apariencia húmeda, desde nuestro padre Océano, de profundo estruendo, hasta las cimas de altísimos montes cubiertas de árboles, para que contemplemos las atalayas que se divisan a lo lejos, los frutos y la sagrada tierra bien regada, el cadencioso martillo de los divinos ríos, y el mar que con sordo fragor resuena; pues el ojo incansable del Éter resplandece con sus brillantes rayos. Ea, sacudamos de nuestra forma inmortal la lluviosa niebla, y contemplemos, con mirada que mucho abarca, la tierra.

Aristófanes. Las nubes

Néfele se toma a veces en sentido propio, y en este caso designa la «nube» mágica modelada por Zeus a imagen de Hera para burlar los deseos de Ixión hacia ella. Unida a éste, Néfele engendró a los centauros, seres mitad hombre mitad caballo.

Pierre Grimal. Diccionario de mitología griega y romana

 

Nefeli WP

 

ENIGMA

Paper. 2019

La estatuaria dialoga ante todo con el pasado, con los dioses y con Dios, reanudando la «vieja relación del hombre con el universo». Forma parte de la arquitectura, decora, simboliza, ilustra, significa, idealiza, cuenta historias… Con gravedad y para la eternidad, en la grandeza y la pureza. Incorporando lo sublime y lo divino. Belleza y calma. «La belleza exige miramientos», decía Malraux.
La estatuaria celebra esa profunda unión del hombre con sus dioses, pero a menudo la piedra es fría (por no hablar de las efigies funerarias) y soporta la belleza absoluta, desprovista de verdadera humanidad. No tiene consciencia humana ni sentimientos. […]

La dimensión crepuscular y enigmática de esas estatuas erosionadas por el tiempo las convierte en enigmas. Sus miradas, sus gestos, su languidez nos interpelan. Oigo sus voces. ¿Qué parecen decir? Oigo una queja y una llamada. Me rindo de admiración ante ellas, portadoras de algo borrado, un pasado, otra vida olvidada, rastros de ayer.

El hombre que camina. Franck Maubert

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