EL PELEGRÍ (The Pilgrim)

Paper. 2016

Entre todos los viajeros uno de ellos recibe especial atención porque caracteriza como pocos al viajero medieval. Me refiero al peregrino. Y no solo a quién hacía las peregrinaciones mayores, a Santiago, Jerusalén o Roma, sinó a todos aquellos viajeros que recorrían distancias mucho más cortas, para visitar pequeños santuarios que guardasen algunas reliquias, por modestas que fueran. Durante siglos una humanidad en movimiento llenó los caminos medievales de peregrinación: bordoneros, juglares, pordioseros, vagabundos, gentes que usufructuaban los servicios del peregrinaje y que vivían de él… Cómo recuerda el profesor Paolo G. Caucci, son muchos los testimonios que se refieren al peregrino: textos litúrgicos, testamentos, diarios de peregrinación, estatutos de hospitales y hermandades, todos hablan de un “viandante de lo sagrado”, cuyas costumbres, comportamientos y exigencias eran distintas a las de caulquier otro viajero. Si la peregrinación fue primero más cosa de reyes y caballeros, la idea de que la salvación del alma es algo personal que no puede delegarse en nadie, en ningún intermediario, sino que ha de ser una actitud personal, lanzó a muchos cristianos a los caminos de peregrinación.

Viajes y viajeros en la España medieval. Actas del V Curso de Cultura Medieval (Aguilar de Campo, 20 al 23 de septiembre de 1993). Joaquín Rubio Tovar

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