CANT DE SIRENA

Paper. 2017

Las sirenas y las mujeres-pez eran otro de los problemas urgentes con los que se enfrentaban los investigadores del alma. Estas hijas del mar parecían estar en todas partes. Agresivas y depredadoras, guiadas por la incesante necesidad sexual de la ninfómana, no deben ser confundidas con ese grupo de criaturas acuáticas, las ondinas*, es decir, ‘mujeres-ola’ (…)

La sirena era lo opuesto a la manifiestamente violable ondina. Había permitido que resurgiese en ella la fuerza masculina del estadio bisexual primitivo, por eso representaba el elemento agresivo y bestial de la naturaleza de la mujer. No era precisamente la perla cultivada de la feminidad pasiva y moderna, sino la atávica, brutal y peligrosa de las entrañas húmedas y frías del mar.

Las flores venenosas: las ménades de la decadencia y el tórrido gimoteo de la sirena, dins de Ídolos de perversidad. La imagen de la cultura de fin de siglo (Bram Dijkstra)

* ninfas que viven en el fondo de las aguas, que tienen bella forma humana, pero que carecen de alma inmortal, que solo pueden adquirir si se unen a un humano para siempre.

VICTÒRIA (Victory)

Paper. 2017

Esta grandiosa escultura parece bien fechada por restos cerámicos, y sabemos que se realizó en Rodas porque su pedestal está tallado en caliza de esa isla. Por tanto, se afianza la opinión de que fue un grandioso exvoto levantado por los rodios para conmemorar su victoria naval en Side (191 a.C.) sobre la flota de Antíoco III de Siria. El aspecto de la obra no llamaba a engaño: seguía un esquema documentado desde principios del siglo II a.C. en monedas y otros monumentos: el de Nike colocada sobre una proa de navío. Sin embargo, no es una figura más de ese modelo: tanto por su realización como por su emplazamiento, constituye una cima del arte monumental.

Ante todo, cabe señalar que esta escultura (conocida como Victoria o Niké de Samotracia) fue colocada en un ambiente paisajístico, con un estanque y rocas a sus pies, y con un muro de pantalla como escenario. Además, la proa que le sirvió de base aparecía sesgada, en escorzo, mostrando de forma preferente su lado izquierdo; de este modo, se apreciaban bien lo atributos que portaba la diosa en sus manos, y que, por desgracia, no han llegado hasta nosotros: acaso una corona o rama de laurel en la diestra y un remo o timón en la izquierda. Este punto de vista resaltaba también las zonas trabajadas con mayor lujo de detalles: los vestidos agitados por el viento marino y las alas a punto de emprender el vuelo. Todo parece vivo, desde las telas hasta las plumas, y la retórica sabe fundirse con la minucia de la observación.

Manual del arte griego (Miguel Ángel Elvira Barba)