Vinc a dur-te amb la veu un cant d’esperança […] Tot el que ens espera és el misteri d’un gran mar llunyà i un horitzó sempre distant que just farem molt més clar. Venim de molt lluny i anem lluny encara plens de somnis i llum…
El ciego se aproxima con más facilidad a la esfera de lo sagrado. Éste es el recorrido de quien, en la mitología griega, es el profeta por excelencia, el ciego Tiresias, el implacable juez de Edipo en la tragedia de Sófocles. También Tiresias pierde la vista, pero vuelve a adquirir otra más aguda. […] Un ciego-vidente convertido en tal por el ambiguo regalo de los dioses; un ciego que pierde la vista por haber visto demasiado -una diosa desnuda [Atenea]-; un ciego que debe expiar una infracción relacionada con la esfera sexual, después de haber pronunciado una sentencia que viola los mysteria Veneris, los secretos más escondidos de la esfera del amor. La ceguera sirve en estos casos para señalar el paso de un tipo de vista, por así decir normal, a otra especial. Observar que la ceguera es un rasgo que en la mentalidad antigua hermanaba a adivinos y a otras categorías de videntes, como los poetas inspirados por las Musas.
Esta diosa de tan inquietantes parentescos no tuvo lugar en el resplandeciente Olimpo, aunque era de linaje más antiguo que la estirpe de Zeus y los suyos; ni templos especiales en que se la venerara, ni se desarrollaron entorno a ella elaborados mitos. No obstante, su presencia e imperio fueron siempre universales […] Con una divinidad, sin embargo, tuvo la Mentira insalvable distancia: con la Amistad. Donde ésta impera, aquella está excluida; son incompatibles. Pero, se admite, la Amistad es frágil y, las más de las veces, sucumbe en el enfrentamiento con la Mentira; porque ésta es más sutil y tiene más armas, incluso la del callar. “Las más crueles mentiras a menudo son dichas con silencio”, afirma R.L. Stevenson. […] Así se muestra ella como es en realidad: deja caer los velos amables y muestra sus abigarradas vestiduras, que adornan mil máscaras y lenguas; la faz afable y seductora se deforma, dando lugar a otra sucia y fea.
La Victoria, que los griegos llamaron Niké [Νίκη], es una divinidad alegórica de cuya presencia hay registro en Grecia en el siglo VI a.C., pero que ya los egipcios conocían como Nefté, hermana nada menos que de Isis y Osiris. Simboliza el triunfo en la guerra, pero también la participación triunfante en la vida civil, y muy especialmente, en el deporte. En torno a ella no se desarrolló ningún mito especial, probablemente porque tan extática sensación era directamente comprensible a quien quiera la hubiese experimentado o ambicionado. Pero sí generó, en cambio, una abundantísima iconografía. Los griegos la representaron a menudo como una mujer alada, aludiendo a que desciende rauda desde los cielos sobre el vencedor, para hacerle saber al mundo a quién han decidido favorecer los dioses. La agitación de sus vestiduras indica la celeridad con que viene a coronar al triunfador. […] Pueblo conquistador, los romanos la adoptaron gozosamente, y en ese proceso terminó de asumir los atributos que han durado hasta nosotros: la palma en una mano, árbol universalmente asociado a la Victoria, desde luego, y cuyo significado derivos desde lo material a lo espiritual, alcanzando el sentido de regeneración, ascensión e inmortalidad. […] En la otra mano, lleva una corona de laurel. La corona denota el poder que entrega Niké y el laurel, como todas las plantas que permanecen verdes en invierno, es símbolo de inmortalidad; los romanos lo asociaron a la gloria, tamto de las armas como el espíritu, si bien atendieron más a la primera.
«Mira’m als ulls que cap fosca no venç. Vinc d’un estiu amb massa pluges, però duc foc a l’arrel de les ungles i no tinc cap sangtraït pels racons de la pell del record. (…) Mira’m els ulls. Hi pots llegir el retorn.»
Molt contenta d’haver participat en aquest interessant projecte col·laboratiu promogut per l’artista Jaume Geli, que durant el temps de confinament ha donat veu a 200 artistes per crear obres entorn del concepte de l’espina.
Totes les obres, reproduides en imatges i acompanyades per un vers, es poden visitar a la Fundació Valvi de Girona fins al 31 de juliol.
LA FLAMA (2020) Paper curious Col.lecció particular
Del bosc del Canigó són los fallaires que dansen, fent coetejar pels aires ses trenta enceses falles com trenta serps de foc; en sardana fantàstica voltegen i de ma en ma tirades espurnegen de bruixes i dimonis com estrafent un joc.
Les llums de set en set pugen i baixen, cinyells de flama los montículs faixen i es veu entre fumades lo bosc llampeguejar; surten rius de guspires de tot caire, com si es vegessen entre terra i aire los llamps i los cometes en guerra sabrejar.