Como mito de la naturaleza, Perséfone es la semilla que se separa del cuerpo del grano maduro, la madre, cuando tras hundirse bajo tierra regresa en primavera como el nuevo brote. La etimología de su nombre -<la que brilla en la oscuridad>- sugiere que la semilla no muere realmente, sino que continúa viviendo en el inframundo, aunque no pueda ser vista desde la superficie. El mito de la diosa. Evolución de la imagen. Anne Baring, Jules Cashford
ΑΠΟΛΛΩΝΑ [Apol·lo] (2019) Paper curious Col·lecció privada
Apol·lo, un dels dotze déus de la mitologia grega, déu de l’endevinació, del llorer i de la lira, de gran bellesa i harmonia. Com a déu principal de l’antiga Lacònia se li van consagrar les festes més importants d’Esparta, celebrades al santuari d’Apol·lo Amicle (̓Απολλον ̓Αμυκλαίος): la Jacintia (una celebració nacional d’Esparta, que commemorava la mort i el renaixement de Jacint), la Carneia (celebrada en honor a Apol·lo Karneios) i la Gymnopaedia (en la qual potser es commemorava la derrota èpica contra els perses a les Termòpiles).
El ciego se aproxima con más facilidad a la esfera de lo sagrado. Éste es el recorrido de quien, en la mitología griega, es el profeta por excelencia, el ciego Tiresias, el implacable juez de Edipo en la tragedia de Sófocles. También Tiresias pierde la vista, pero vuelve a adquirir otra más aguda. […] Un ciego-vidente convertido en tal por el ambiguo regalo de los dioses; un ciego que pierde la vista por haber visto demasiado -una diosa desnuda [Atenea]-; un ciego que debe expiar una infracción relacionada con la esfera sexual, después de haber pronunciado una sentencia que viola los mysteria Veneris, los secretos más escondidos de la esfera del amor. La ceguera sirve en estos casos para señalar el paso de un tipo de vista, por así decir normal, a otra especial. Observar que la ceguera es un rasgo que en la mentalidad antigua hermanaba a adivinos y a otras categorías de videntes, como los poetas inspirados por las Musas.
La Victoria, que los griegos llamaron Niké [Νίκη], es una divinidad alegórica de cuya presencia hay registro en Grecia en el siglo VI a.C., pero que ya los egipcios conocían como Nefté, hermana nada menos que de Isis y Osiris. Simboliza el triunfo en la guerra, pero también la participación triunfante en la vida civil, y muy especialmente, en el deporte. En torno a ella no se desarrolló ningún mito especial, probablemente porque tan extática sensación era directamente comprensible a quien quiera la hubiese experimentado o ambicionado. Pero sí generó, en cambio, una abundantísima iconografía. Los griegos la representaron a menudo como una mujer alada, aludiendo a que desciende rauda desde los cielos sobre el vencedor, para hacerle saber al mundo a quién han decidido favorecer los dioses. La agitación de sus vestiduras indica la celeridad con que viene a coronar al triunfador. […] Pueblo conquistador, los romanos la adoptaron gozosamente, y en ese proceso terminó de asumir los atributos que han durado hasta nosotros: la palma en una mano, árbol universalmente asociado a la Victoria, desde luego, y cuyo significado derivos desde lo material a lo espiritual, alcanzando el sentido de regeneración, ascensión e inmortalidad. […] En la otra mano, lleva una corona de laurel. La corona denota el poder que entrega Niké y el laurel, como todas las plantas que permanecen verdes en invierno, es símbolo de inmortalidad; los romanos lo asociaron a la gloria, tamto de las armas como el espíritu, si bien atendieron más a la primera.
Janus és el déu dels inicis i de les transicions, de les portes i del temps, segons la mitologia romana. Un déu amb dos rostres que mira al passat i al futur. «El divino Jano, asombroso con su imagen de doble cabeza, mostró a mis ojos de improviso su doble rostro […]. – Soy muy antiguo…; en compañía de las dulces Horas guardo las puertas (januae) del cielo, dejando entrar o salir al propio Júpiter; de ahí que reciba el nombre de Jano… Desde la puerta de la corte celestial, observo al mismo tiempo el levante y el poniente» (Ovidio. Fastos, I, 89-144).
Η θάλασσα. πώς έγινε έτσι η θάλασσα; […] Κι όμως ήταν γλυκό το κύμα όπου έπεφτα παιδί και κολυμπούσα κι ακόμη σαν ήμουν παλικάρι καθώς έψαχνα σχήματα στα βότσαλα, γυρεύοντας ρυθμούς, μου μίλησε ο θαλασσινός Γέρος: «Εγώ είμαι ο τόπος σου ίσως να μην είμαι κανείς αλλά μπορώ να γίνω αυτό που θέλεις». «Τρία κρυφά ποιήματα». Γιώργος Σεφέρης.
El mar. ¿Cómo llegó el mar a ser así? […] Y sin embargo qué dulce el oleaje en que de niño me zambullía y nadaba e incluso cuando de muchacho buscaba figuras en las piedras, persiguiendo cadencias, me habló el Viejo del Mar: «Yo soy tu lugar; quizá no sea nadie pero puedo convertirme en lo que tú quieras».
En escena IV, ‘Tres poemas secretos’. Yorgos Seferis
El ejemplo clásico más conocido de una estatua que cobra vida gracias a la magia por una orden divina es el mito de Pigmalión y su amor hacia una estatua de marfil desnuda que él mismo esculpió. La versión de Ovidio (Metamorfosis 10.243-297) constituye el relato más vívido y detallado sobre Pigmalión. El joven escultor está desencantado con las vulgares mujeres de verdad, así que talla una virginal doncella para sí mismo. En el imaginario moderno, a menudo su estatua se presenta de mármol, pero en el mito es de marfil. Su doncella eboraria parece tan real que inmediatamente «hunde en su corazón un fuego por un cuerpo fingido»; Pigmalión acaricia su figura perfecta con fascinación y deseo, pues cree que si la aprieta demasiado puede amoratarla de verdad. Colma la estatua de regalos y palabras de amor. En el templo de Afrodita, suplica a la diosa que haga que cobre vida su «simulacro de mujer». Pigmalión regresa a casa y, de nuevo, hace el amor con su fantástica mujer de marfil. Para su sorpresa, la estatua se vuelve tibia al besarla y, cuando la abraza, su cuerpo se transforma en carne. […] Bajo las caricias de su creador, la estatua de Pigmalión despertó a la consciencia y «se ruborizó» con timidez. Afrodita había respondido a sus plegarias.
Dioses y robots. Mitos, máquinas y sueños tecnológicos en la antigüedad. Adrienne Mayor
Ahir dissabte 28 de setembre vaig tenir el plaer d’explicar alguns mites de l’antiga Grècia a l’activitat «Contes d’origen», de la 10a edició del Dia del Visitant, al Museu d’Art de Girona.
Partint dels mites cosmogònics i teogònics, sobre la creació del món i dels déus, personatges com Europa, Ganimèdes i el Minotaure ens varen acompanyar durant l’hora i mitja que va durar l’activitat.
Uns mites que varen compartir espai al pati d’entrada del Museu amb les llegendes de Daniela Violi i dels seus companys i companyes de Colòmbia.
Nubes imperecederas, alcémonos, visibles en nuestra brillante apariencia húmeda, desde nuestro padre Océano, de profundo estruendo, hasta las cimas de altísimos montes cubiertas de árboles (…) Ea, sacudamos de nuestra forma inmortal la lluviosa niebla, y contemplemos, con mirada que mucho abarca, la tierra. Las nubes Aristófanes
El nombre Néfele (en griego Νεφέλη) significa nube. Las nubes desempeñan cierto papel en la mitología. Aristófanes las ha convertido en personajes de una de sus comedias, y las ha dotado de una genealogía: son hijas de Océano (como todas las divinidades del agua); habitan ora en las cumbres del Olimpo, ora en los jardines del Océano, en el país de las Hespérides, ora en las lejanas fuentes del Nilo, en el país de los etíopes. Tal vez haya referencia, en Aristófanes, a unas creencias órficas, o bien son más probablemente creación personal de un mito poético basado en datos folklóricos bastante vagos
Néfele se toma a veces en sentido propio, y en este caso designa la «nube» mágica modelada por Zeus a imagen de Hera para burlar los deseos de Ixión hacia ella. Unida a éste, Néfele engendró a los centauros, seres mitad hombre mitad caballo.
Diccionario de mitología griega y romana, Pierre Grimal
Venus Anadyomene (del grec antic, Ἀφροδίτη Ἀναδυομένη, Afroditα nascuda [del mar]) fa referència a la representació iconogràfica del naixement de Venus, deessa de l’amor, emergint de l’escuma del mar. El pintor Apel·les (340 a.C.), el més important del pintors grecs clàssics, va representar aquest motiu en una pintura de la qual coneixem la seva existència a partir de la descripció que Plini el Vell fa a la seva obra Naturalis Historia: «Venerem exeuntem e mari divus Agustus dicavit in delubro patris Caesaris, quae anadyomene vocatur, versibus Graecis tantopere dum laudatur, aevis victa, sed inlustrata». «La Venus eixint de la mar fou consagrada pel diví August al temple de son pare, Cèsar. Aquesta pintura, anomenada «Anadyomene», ha estat elogiada en els versos grecs, vençuda pel temps, però glorificada». Amb el Renaixement, la Venus Anadyomene o ‘Venus emergint del mar’ es va convertir en un motiu que va inspirar a molts artistes al llarg de la història de l’art, com Botticelli, Tiziano, Ingres, Bouguereau i, fins i tot, Picasso.