HEFEST

HEFEST (2017)
Paper reciclat i roca volcànica
Col·lecció privada

Hefest (Ἥφαιστος) –Vulcà, segons la mitologia romana-, déu del foc i fill de Zeus i Hera.
Pertany al grup dels grans déus olímpics. És el senyor de l’element igni i divinitat poderosa dels metalls i de la metal·lúrgia que regna sobre els volcans, que són els tallers on treballa amb els seus ajudants, els Cíclops.
D’aspecte deforme i coix, Hefest havia tingut aventures amb dones de gran bellesa, com la deessa Afrodita. La tradició també li atribuí diversos fills, com Erictoni, llegendari heroi atenès nascut de la terra fruit del desig del déu per la deessa Atena.

Font: Diccionario de mitología griega y romana (Pierre Grimal)

ELLE

Plàstic. 2017
Sèrie Contravolums.

Prodigue de trésors et d’ivresse idolâtre,
La Jeunesse a toujours fait comme Cléopâtre:
Un pur et simple vin est trop froid pour son cœur;
Elle y jette un joyau, dans sa fougue imprudente.
À peine a-t-elle, hélas! touché la coupe ardente,
Qu’il n’y reste plus rien, ni perle, ni liqueur.

La jeunesse (Louise Ackermann)

 

 

EL VOL

Paper. 2017

En los mitos, como el de Ícaro, y en los sueños, el vuelo expresa un deseo de sublimación, de búsqueda de una armonía interior, de una superación de los conflictos. Este sueño se encuentra particularmente en los nerviosos, que son poco capaces de realizar por sí mismos sus deseos de elevarse. Significa simbólicamente «no poder volar». Cuanto más se exalta este deseo, más evoluciona esta incapacidad hacia la angustia, y más la vanidad que lo inspira se trueca en culpabilidad. El sueño de vuelo termina en pesadilla de caída: expresión simbólica de la realidad vivida, de los fracasos reales, consecuencia ineluctable de una falsa actitud hacia la vida real.

Diccionario de símbolos (Jean Chevalier)

CANT DE SIRENA

Paper. 2017

Las sirenas y las mujeres-pez eran otro de los problemas urgentes con los que se enfrentaban los investigadores del alma. Estas hijas del mar parecían estar en todas partes. Agresivas y depredadoras, guiadas por la incesante necesidad sexual de la ninfómana, no deben ser confundidas con ese grupo de criaturas acuáticas, las ondinas*, es decir, ‘mujeres-ola’ (…)

La sirena era lo opuesto a la manifiestamente violable ondina. Había permitido que resurgiese en ella la fuerza masculina del estadio bisexual primitivo, por eso representaba el elemento agresivo y bestial de la naturaleza de la mujer. No era precisamente la perla cultivada de la feminidad pasiva y moderna, sino la atávica, brutal y peligrosa de las entrañas húmedas y frías del mar.

Las flores venenosas: las ménades de la decadencia y el tórrido gimoteo de la sirena, dins de Ídolos de perversidad. La imagen de la cultura de fin de siglo (Bram Dijkstra)

* ninfas que viven en el fondo de las aguas, que tienen bella forma humana, pero que carecen de alma inmortal, que solo pueden adquirir si se unen a un humano para siempre.

VICTÒRIA (Victory)

Paper. 2017

Esta grandiosa escultura parece bien fechada por restos cerámicos, y sabemos que se realizó en Rodas porque su pedestal está tallado en caliza de esa isla. Por tanto, se afianza la opinión de que fue un grandioso exvoto levantado por los rodios para conmemorar su victoria naval en Side (191 a.C.) sobre la flota de Antíoco III de Siria. El aspecto de la obra no llamaba a engaño: seguía un esquema documentado desde principios del siglo II a.C. en monedas y otros monumentos: el de Nike colocada sobre una proa de navío. Sin embargo, no es una figura más de ese modelo: tanto por su realización como por su emplazamiento, constituye una cima del arte monumental.

Ante todo, cabe señalar que esta escultura (conocida como Victoria o Niké de Samotracia) fue colocada en un ambiente paisajístico, con un estanque y rocas a sus pies, y con un muro de pantalla como escenario. Además, la proa que le sirvió de base aparecía sesgada, en escorzo, mostrando de forma preferente su lado izquierdo; de este modo, se apreciaban bien lo atributos que portaba la diosa en sus manos, y que, por desgracia, no han llegado hasta nosotros: acaso una corona o rama de laurel en la diestra y un remo o timón en la izquierda. Este punto de vista resaltaba también las zonas trabajadas con mayor lujo de detalles: los vestidos agitados por el viento marino y las alas a punto de emprender el vuelo. Todo parece vivo, desde las telas hasta las plumas, y la retórica sabe fundirse con la minucia de la observación.

Manual del arte griego (Miguel Ángel Elvira Barba)

LA IRA

LA IRA (2017)
Paper kraft

La ira es una de las cinco o seis emociones universales. La literatura europea comienza con un canto a la ira de Aquiles, en la Ilíada. Es una emoción desencadenada por la aparición de un obstáculo que bloquea el desarrollo de los deseos o de las expectativas. Por ejemplo, la inmovilidad forzada de un niño, o una ofensa en un adulto. Despierta un movimiento contra el responsable del daño. Es, pues, un «movimiento contra». Se convierte en pasión y en vicio cuando es violenta, duradera, aceptada, y al hacer perder el control, pasa con facilidad a la acción. Es una locura breve. En muchas culturas se expresa con las mismas metáforas: la presión sube y hace estallar a quien la sufre. Los filósofos griegos y romanos estuvieron obsesionados con la ira, y son muy numerosos los tratados que le dedicaron. Junto a la locura, se la consideraba la pasión más feroz, intensa y peligrosa.

Pequeño tratado de los grandes vicios, Juan Antonio Marina, 2011

VENEZIA

Venezia (2016)
Paper

Ese es el carácter mágico de la máscara, que, por tal motivo, tiene dos superficies: la interna, que es un molde, una réplica o recipiente vacío de la cara o cabeza del portador, visible y contactable solo para este; y la externa, que presenta al mundo la nueva identidad que el portador adopta. Comparten ese carácter mágico —la magia, como el milagro, es una transformación de lo normal en algo distinto, por una voluntad que apela a fuerzas sobrenaturales— tanto la máscara teatral griega como la máscara religiosa del hombre primitivo, o la del niño contemporáneo que “se transforma” en Superhombre.

Sobre símbolos. Francisco José Folch.

ELLA

ELLA (2016)
Paper

Entonces ella, la muerte, se levantó, abrió el bolso que había dejado en la sala y sacó la carta color violeta. Miró alrededor como si buscara un lugar donde poder dejarla, sobre el piano, sujeta entre las cuerdas del violonchelo o quizás en el propio dormitorio, debajo de la almohada en que la cabeza del hombre descansaba. No lo hizo. Fue a la cocina, encendió una cerilla, una humilde cerilla, ella que podría deshacer el papel con una mirada, reducirlo a un impalpable polvo, ella que podría pegarle fuego sólo con el contacto de los dedos, y era una simple cerilla, una cerilla común, la cerilla de todos los días, la que hacía arder la carta de la muerte, esa que sólo la muerte podía destruir. No quedaron cenizas. La muerte volvió a la cama, se abrazó al hombre, y, sin comprender lo que le estaba sucediendo, ella que nunca dormía, sintió que el sueño le bajaba suavemente los párpados.
Al día siguiente no murió nadie.

Las intermitencias de la muerte, José Saramago. 2005